• sexshopafrodita

Placer casero

Soy una mujer morena, de complexión normal, casada hace 10 años, y con una vida sexual bastante monótona. La podría resumir en algo tan sencillo como fin de semana, siesta y polvo rápido, así es que mis deseos sexuales van cada vez más en aumento y mi imaginación vuela. El único problema es que mi marido no le gusta la variedad y yo no cuento tampoco con juguetes sexuales que me hagan más amena la situación y además los juegos que se me ocurren tienen que ser cuando estoy sola, porque a mi marido no le gustan y con esto del COVID cada vez es más difícil.

Al llegar el verano, mis hijas se van de campamento y mi marido las iba a llevar, por lo que podía aprovechar un par de días libres para hacer alguna de mis ideas realidad. Después de tanto tiempo necesitaba probar algo fuerte, nuevo, distinto.

Aproveché una visita al ginecólogo para comprar unas bolas chinas, y le dije a mi marido que eran recomendación del ginecólogo para mejorar el suelo pélvico, así podía aprovechar sin levantar sospechas. El resto de juguetes tendría que pensarlos y hacerlos yo, por lo que empecé a preparar todo sin llamar la atención.

Empecé por guardar los palillos de los helados, eso era fácil, recogía las cosas y lo guardaba en cualquier cajón que ellos no abrieran mucho. Serían unas pinzas para los pezones, poniendo dos juntos con unas pequeñas gomas a ambos lados, el pezón quedaría apretado a voluntad.

Por otro lado cogí una piedra que pesara un poco, tampoco demasiado, no me atrevía a pasarme demasiado. La rodeé de lana y la guardé entre mis lanas para que pasará desapercibida. Luego podría ponerla como un peso que colgaría de mi según se me ocurriera.

Aproveché una visita al super para buscar un cepillo de pelo, cuyo mango fuera lo más redondeado posible para poder hacer una penetración anal, aunque no sabía si me atrevería porque nunca lo había hecho antes.

Empecé a rebuscar por casa, buscando objetos que pudieran ser de utilidad, unas horquillas con dientes, un palo, unos pañuelos de tela largos, unas esposas de mis hijas y por supuesto mi supervibrador… el cepillo de dientes automático.

Cada día pensaba en posibles ideas que iba preparando paso a paso, como meter un guante al congelador con agua y antes de la congelación total disponer los dedos de la forma interesada, recargar pilas por si acaso, etc.

Por fin llegó el esperado día. En cuanto se fueron empecé con mi plan. Tenía que esperar un poco por si se olvidaban algo y volvían, pero mi deseo empezaba a aumentar rápidamente. Me dirigí al baño y me quité las bragas. Llevaba un vestido, por lo que aunque de repente volvieran no se darían cuenta. Cogí las bolas chinas y me las introduje en la boca, lamiéndolas una a una para introducírmelas mejor. Me fui moviendo por la casa recogiendo todos los juguetes preparados, mientras sentía el movimiento de las bolas dentro de mí y me iba humedeciendo.

Mientras recogía los juguetes, encontré unas pilas de mis hijas con los cables, de sus trabajos del colegió y pensé que podían resultar muy útiles. El tiempo pasaba y decidí empezar a jugar, no aguantaba más.

Saqué del congelador el guante helado, lo primero era conseguir la penetración anal. Empezaría por el dedo pequeño. Lo unté de vaselina y empecé a jugar en la entrada, sintiendo el frio, iba empujando poco a poco, era fino y frio, lo que hacía que fuera fácil la penetración. Esto estaba fácil. Podía pasar al segundo nivel. Cogí el dedo anular, un poco más gordo y repetí la operación, mientras tanto, acariciaba mi clítoris para mezclar el placer con ese dolor placentero que estaba descubriendo, pero yo quería más. Cogí entonces el guante y unté los dedos corazón e índice juntos con vaselina para introducirlos a la vez. Esta vez costaba más, pero mi deseo era mayor. Según introducía era mayor el dolor y no me veía capaz. Entonces pensé, si tuviera un amante, me follaría con tal fuerza que daría igual lo que pensara, y así lo hice, apreté con fuerza y me lo introduje de una sola vez.

Sentí un tremendo dolor, pero esa idea del amante me hizo no abandonar y seguir adelante. Jugué un poco más con mi ano dejando que se adaptará a ese tamaño, porque ahora tenía que introducir el cepillo. Me puse manos a la obra, cogí el cepillo y lo metí en un preservativo para que entrara mejor. Empecé a acariciarme, pellizcarme y visionar a mi amante penetrándome. Sentía mi ano estirándose, dormido por el hielo anterior, dolorido por la penetración cada vez más profunda y grande. Estaba excitada, húmeda, con unas ganas tremendas de correrme, pero debía esperar.

Me levanté como pude con las bolas chinas haciendo mayor presión por el nuevo objeto que cubría mi ano, y me puse de rodillas delante de un espejo. Coloqué una silla detrás y abrí mis piernas atando cada una de ellas a una de las patas. Cogí un palo del que había colgado la piedra y del que a su vez colgaban unas cintas con unas horquillas y lo coloqué entre mis piernas. Pasé las cintas por detrás de mi culo para terminar colocando las horquillas abriendo los labios externos de mi sexo, así estaría abierta. Los dientes de las horquillas provocaban mucho dolor y sujetar el palo no era fácil, pero si lo soltaba un poco, el peso de la piedra hacía que se me clavaran más los dientes de las horquillas y aumentara mi dolor.

A continuación coloque los cables con la pila que ya había dejado preparados de tal forma que si bajaba mucho me daría una descarga en la zona vaginal y otra que golpeaba mi culo para que tuviera que mantener la postura hacia delante.

Por último cogí mis pinzas, hechas de palillos, para los pezones y las ajusté lo máximo que fui capaz, de las pinzas estaba colgado mi cepillo de dientes, haciendo que el dolor en los pezones aumentara por el peso del cepillo, el cuál quedaba colgado a la altura del clítoris. Si quería colocar bien mi “vibrador” tendría que hacerlo con mis tetas.

Entonces el juego comenzó. Mi “vibrador” casero golpeaba mi clítoris, y hacía que me moviera, pero al hacerlo notaba los calambres, eso me hacía abrir las piernas y entonces la piedra tiraba de mis labios causando dolor y excitación, tenía que conseguir mantener la postura y que el vibrador volviera a su posición, gracias a mis pechos, para poder correrme, porque era lo que más deseaba.

Me veía reflejada en el espejo y me excitaba aún más, me gustaba lo que veía. Atada, dolorida, excitada, con lágrimas de dolor y placer. El cepillo del ano quería salirse, pero hice unas contracciones y lo metí otra vez, mis piernas ya no podían sujetar el palo y la piedra tiraba separando mis labios que cada vez se veían más hinchados, entonces mi vibrador empezó a provocarme autentico placer, empecé a correrme y mis movimientos hacían que chocara con todos los cables provocándome orgasmos una y otra vez, placeres que nunca había sentido con mi marido.

Luego de casi una hora de dulce y exquisita tortura, en la que mis jugos chorrearon por mis piernas, tuve que parar. Lo primero que hice fue para el “vibrador”. Luego quité una a una las horquillas de mis labios que sujetaban el peso de la piedra porque mis piernas ya no eran capaces de sujetar el palo. Cada vez que me quitaba algo, sentía un alivio enorme. A continuación me quité las pinzas de los pezones que estaban aplanados y estirados. Lo siguiente fue echar mano al cepillo que atravesaba mi ano, mientras lo quitaba sabía que eso lo repetiría seguro. Por último me quite las bolas chinas que salieron empapadas.

Aquella noche dormí perfectamente. Y ya estoy pensando en qué nuevos juguetes puedo crear y de que nuevas experiencias puedo disfrutar. Ví unos pepinillos y limones en el refrigerador que me parecen geniales para mi próxima aventura. Me ayudas?


Autor: Paloma



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