• sexshopafrodita

Relato: Naranjas y plátanos

Ese día me quedé sólo con mi prima Sheila, la cual tendría como unos 21 años. Era alta y de muy buen cuerpo. Tenia un piercing en la nariz y en el labio. Siempre recuerdo de ella su cara alegre y juguetona conmigo. Todo sucedió una noche, cuando mis padres me dejaron a su cargo por temas de trabajo.

Ese noche, nos fuimos a su cuarto a reposar la cena y a ver la tele. Era una calurosa noche de verano.

- ¿No quieres que te cuide Dani? Me dijo

- Pues la verdad prefiero estar en mi casa tranquilo con mis cosas.

- ¿Y que vas a hacer en tu casa? ¿Estar metido en tu cuarto todo el día dándole a la Manuela?

- ¿Ala Sheili! Qué dices?

- ¿Qué, me vas a decir que no lo haces? dijo ella. No pasa nada por eso, yo también lo hago. Todo el mundo lo hace. ¿Quieres que te enseñe como lo hacemos las chicas?


Entre tanto comíamos canchita mientras veíamos la tele en su cuarto, cuando gradualmente empecé a notar movimientos bajo las mantas que llamaron mi atención. De pronto se destapa y se saca la camisa y el pantalón con la excusa de que hacia calor. Estaba acostada boca arriba y dobló una de sus rodillas hacia arriba con el pie apoyado en la cama. Su ropa interior de encaje blanco transparentaba todo. Su abdomen plano y sus grandes pechos estilizaban toda su figura. La parte de adelante de sus braguitas era tan estrecha y lo que había en el interior de sus labios tan grueso que sobresalía por los lados ¡Estaba viendo sus gruesos labios sobresalir y ella estaba como si nada!


Ella me miraba para saber si yo la estaba observando mientras veía algo en su celular. De vez en cuando pasaba su mano por su vientre y acariciaba suavemente el exterior de su ropa interior. Fue haciéndolo cada vez más mientras los latidos de mi corazón parecían una orquesta y mi pene se ponía tieso y caliente. De pronto desliza los braguitas hacia un lado y comienza a masajear suavemente el interior de sus labios internos desplegados como un libro abierto. Fue haciendo círculos hasta que subió a su clítoris, cuyo capuchón alargado y grueso replegó cuidadosamente.

De pronto me mira y me dice:

- ¡Ven arrodíllate a mi costado y dame tu mano!

- ¿Qué? - Dije yo, obedeciendo a su orden.

Ella juntó dos de mis dedos y los puso en la entrada de su vagina para que yo los metiera dentro.

- Mete, saca y gira como si estuvieses exprimiendo una naranja. - Me dijo.

- Sácatela, quiero ver cómo la tienes. Volvió a ordenar.

Saqué mi pene ya totalmente parado y ella jaló mi prepucio hacia abajo.

- Anda qué violeta es. Super morado. Es como si tuvieras un arándano en la puntita jaja. Se rió. Y entonces suavemente me empezó a masturbar con una mano, mientras con la otra frotaba alrededor de su alargado clítoris en círculos como si no hubiera un mañana mientras yo seguía haciendo lo mío en su entrada. Mientras ella movía sus dedos en sus labios internos, no paraba de mirar mi pene tieso, mis ojos claros y mi pelo lacio. Y literalmente parecía que yo estuviera exprimiendo naranjas ya que de su cueva no paraba de fluir líquido, solo que más espeso que el zumo de naranja y de color lechoso. De pronto en su mariposa se hinchaban sus labios mayores abombándose toda la vulva hacia afuera y corría liquido como en un manantial.

Qué rico Dani! Dijo casi sin voz mientras detuvo mi mano. Subió ligeramente sus caderas y se vio obligada a darle un último empujón a su clítoris. Ya que se hallaba en un limbo orgásmico en el que sentía que todo su sexo iba a estallar. De golpe y porrazo sentí un apretón en mis dedos. De su cara salía un ceño fruncido y de su boca un ahhhh! tenue, atenuado y ambiguamente reprimido al dejarse llevar finalmente por la energía de su orgasmo. Su vulva continuaba oscilando hacia fuera y palpitando en un vaivén de contracciones que se sacudían entre tanto espasmo y retracción. . Yo estaba súper excitado al verla tan concentrada con su palpitante conchita y sus ojos a medio cerrar como si fuese a perder la conciencia.

Yo empecé a sentir una rica picazón con cada jalón que le daba a mi pene y al ver su orgasmo no aguanté más. Varios chorros de leche corrieron entre sus dedos, mientras sentía subir al cielo unos instantes.

- Así se exprime la naranja? Le pregunté.

- Calla idiota. Qué vergüenza!. Dijo ella, tapándose la cara. Dani ya no te dejo nunca más que me toques ahí jaja.

A la media hora se abalanzó de nuevo sobre mi pene como loca frotando todo su coño mojado.

Toda vía hoy, después de tantos años cuando no está mi novia ni el suyo, seguimos hablando en clave del tema:

- Oye primo tu eres bueno exprimiendo naranjas ehh.

- Y tu eres buena aplastando plátanos ehh. - Jajaja risas.

- Oye de eso ni una palabra a Javi ehh.

- No no, Ni tu a Melinda por supuesto.


Autor Yomismo402






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