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Relatos eróticos: Mi cita con el masajista

Era el verano del 2018 y por ese entonces yo estaba sola en mi casa, debido a que mi esposo estaba de viaje por motivos de trabajo y mis dos hijas se habían ido a la playa por sus vacaciones. Por lo tanto, me tocó quedarme en casa y esperar a la llegada de ellos.

Como para no aburrirme, todos los días solía a hacer deporte para mantener el físico, y es que, a mis 42 años, me gustaba cuidar mi físico, mis amigas y admiradores me han dicho que tengo un cuerpo precioso, 1.60 de altura, delgada y con todo en su lugar y en especial, mi colita que alocaba casi a todos los vecinos del barrio.

Entre los constantes días de ejercicio, un día amanecí con muchos dolores de cuerpo y por lo tanto decidí ir a ver a un masajista. Prendí mi computadora y comencé a buscar servicio de masajes, la mayoría de ellos eran jóvenes y casi todos ofrecían servicio de masajes más sexo (yo había visto caso de algunas amigas que cuando estaban excitadas, iban a este tipo de servicio) y para variar se exhibían desnudos en sus avisos. Seguí buscando hasta que vi el anuncio de un masajista de 48 años y que solo se dedicaba a masajes de preferencia descontracturales. Tras ver su número, le llamé, acordamos un precio y fui para su local.

Me fui caminando durante el trayecto para un poco despejar mi mente, pero empezó el cielo a despejarse y comencé a sudar. Lo cierto es que llegué totalmente sudada y quería irme. En eso me vio el masajista (como dije tenía 48 años, alto, con cabello corto, unos ojos negros bien atractivos, un físico envidiable y sobre todo estaba con una ropa bien apretada). Tras saludarle le dije que mejor cancelábamos el masaje debido a que estaba muy sudada, pero el sonriendo me dijo que no había problemas, que, dentro de la sala de masajes, había un baño y podía ducharme, y además aprovechaba en desvestirme y ponerme la toalla de masajes. Al principio no quería, pero con su voz varonil me convenció y entré.

Ingresé al baño y me asee, me pase un jabón perfumado por todo mi cuerpo, así como un shampoo de aroma de manzanas para refrescar mi cabello, también refresqué mi vagina y ano (uno nunca sabe) y también mi espalda, lo que fue gratificante.

Salí de la ducha y al secarme, utilicé la toalla de masajes y al avisarle al masajista le dije que ya estaba lista. Pero lo que más me agradó fue la habitación que más me gustaba del lugar, ya que tenía una luz tenue y cálida, no como las otras en las que el brillo de la luz incluso lástima mis ojos, sin mencionar que esa camilla para echarse era muy confortable.

Había también como dije la camilla a un lado, una alfombra azul marino con dibujos en color dorado, la camilla en el que yo y un par de armarios y estanterías donde tiene todos sus productos. Como acordamos el tipo de masaje, utilizó velas aromáticas, que estaban distribuidas por toda la habitación. Así, el aroma de éstas, junto con la semi penumbra y el olor de los aceites que utilizaba para trabajar, unido a su presencia, últimamente me ponen muy excitada. De hecho, cuando comenzó a realizar su trabajo, comencé a correrme involuntariamente. Él se dio cuenta, pero continuó como todo un profesional que es.

Como estaba casi desnuda no tenía mucho calor. Y, al cabo de un momento, me sorprendí a mí misma acariciándome, metiendo mis manos, por debajo de mi vagina, para así un poco limpiarme el jugo que me estaba saliendo. Noté como me miraba, pero me era indiferente y me gané que a él le gustaba. Entonces, observé que el comenzó a sobar su entrepierna y ya se notaba que su pene estaba erecto. "Uy y ahora qué hago", pensé. En ese punto, sabía que Marco no iba a ser la excepción de la mayoría de masajistas que también ofrecen sexo con su trabajo Pensando en esto, Marcos me comenzó a conversar

- Hace mucho calor verdad nena

- Si, a pesar que estoy desnuda, siento calor

- Y yo que estoy con la ropa, no sabes cómo ardo

- Bueno si quieres quitarte la ropa no hay problema

- En serio, ¿pero ese gusto te va a costar un poco más nena?

- Yo trabajo para mis gustos. Adelante no más

- Bueno tú lo pediste. Después no te asustes

Se quitó el buzo, con todo bóxer. Al hacerlo se liberó un pene era muy largo, y bastante grueso y lo mejor que estaba depilado casi por completo. Continuó trabajando, hasta que me dijo

- ¿Qué te parece nena?

A la cual contesté.

- Jamás había visto algo así. Dichosa tu mujer que lo goza.

- Soy soltero cariño, pero si algunas amiguitas ya lo disfrutaron

- En serio ¿Qué envidia?

- Te gustaría probarlo, nena

- Bueno, una oportunidad como esa no se tiene dos veces.

Me puse de pie y le di un beso muy intenso, mientras el con sus manos aceitosas, recurría cada centímetro de mi cuerpo. Con ese beso el dolor muscular que tenía desapareció. Mientras lo besaba mi mano acariciaba su miembro, tan erecto, tan duro. Una de las cosas con la que fantaseaba últimamente, era besarme con un hombre, mientras le acariciaba el pene.

Luego Marcos me tiró sobre la camilla y acercó su lengua a mis pezones, que estaban muy duros. Chupó, lamió, mordisqueó, me hacía estremecer. La verdad es que sentía mucho éxtasis con cada aliento que sentía al contacto de sus labios en mi cuerpo. Como dije uno de las cosas de mi cuerpo que me orgullece mis pechos. Su lengua siguió bajando; deslizándose rápidamente por mis piernas. Pasó su lengua por mi sexo, al mismo tiempo que agarraba mis nalgas. Metió un dedo que deslizó suavemente por mis labios y me susurró al odio: "Cariño, estás increíblemente arrecha, y así también me pones tú a mi; así que, prepárate para gozar y sentir tanto placer como nunca has sentido en tu vida"... y metió su dedo en mi conchita y su lengua en mi boca, lo que me hizo soltar un gemido bastante audible. Mmmm...

Algo que en el sexo me gusta siempre es el sexo oral, pero con mi marido casi nunca lo hacía, debido a que era muy recatado. Entonces al tener el pene de Marcos a mi disposición la metí toda en mi boca y mientras la chupaba, la sentía crecer, palpitar, al tiempo que, con un dedo, acariciaba esa parte tan sensible en los hombres, esa zona tan erógena entre los testículos y el ano, en el cual, finalmente, introduje un dedo impregnado en aceite. Era algo morboso, lujurioso, pero excitante. Aunque nunca se lo hice a mi marido, pero las constantes lecturas de libro de sexo, me hizo conocer los puntos g del hombre.

Yo me acariciaba sin parar. Estaba muy, muy mojada e introduje dos dedos en mi conchita, que se deslizaron suave pero rápidamente, sin dejar de moverlos. Con la otra mano, tocaba mi clítoris, totalmente duro, hinchado, tan excitado que no tardé en correrme, manteniendo mis dedos dentro, que sintieron cómo mi vagina los apretaba; y mis piernas temblaron y no pude acallar un gemido de placer: "Oooohhhh." Ello hizo que Marcos también se corriese, en un orgasmo alucinante y lo hizo en mi boca

Este, en un primer momento, se apartó al ver salir el líquido blanquecino. Pero quería probarlo y abrí la su boca, asomé mi lengua y otro chorro de semen cayó en mi cara. Todo ello lo que hizo fue prolongar mi orgasmo, que parecía interminable. Fue uno de los orgasmos más intensos que nunca había probado

Mamé durante unos segundos el pene de Marcos, chorreante, saboreándolo, y noté que volvía a endurecerse. Fue cuando el me dijo con mucha lujuria:

- ahora quiero que lo sientas tú": me dijo.

Me eché en el sillón frente a él, cogí su pene y comencé a colocarlo a la entrada de mi vagina. Estaba ya muy erectado pese a su primer orgasmo. Humedecí mis labios y empecé a morderlos, mientras mis dedos acariciaban sus huevos, que al parecer aún estaban llenos de semen. Él me dijo: No tengo condón nena, pero le respondí: A la mierda el condón, tu solo has lo que debes hacer

La pinga de Marcos estaba ya totalmente muy dura, de modo que la introdujo de un solo golpe sobre mi húmedo sexo. Quería sentirla dentro, hasta el fondo, sentirla tan grande, moverse dentro de mi. Comenzó a moverse despacio y mientras lo hacía, no dejaba de besarme, de meter su lengua en mi boca, chupar mis erectos y duros pezones. Yo me agarraba a su cuello, le cogía del pelo, le arañaba los hombros. No parábamos de movernos. Luego me volteo de la pose de misionero que estábamos, ahora el a debajo y yo encima de él. Noté sus manos en mis nalgas, abriéndolas, e imagínelo que vendría después. Pero apenas podía hablar, así que lo dejé hacer lo que quisiese conmigo.

Luego de ello, se puso de pie y me coloco en pose de perrito. Mientras lo hacía me chupaba la raja de mi culito y finalmente, me la metió en mi conchita humedad y sentí que abría camino en ella. Costó un poco, pues me olvidé decirle que yo tenía vagina estrecha, pero a él no le causo impedimento. Pero una fue metiéndola poco a poco, hasta que la sentí toda dentro. Había visto fotos y alguna peli porno en las donde había chicas con vaginas estrechas, siendo abiertas por penes grandes. Pero siempre pensé que eso no podría ser tan placentero. Evidentemente, estaba equivocada.

Me estaban llevando a un estado que me parecía demencial. Sentirme tan llenas por aquel pene, tan repleta, era ahora tan real... Uuufff... Sentía toda mi excitación, cómo estaba de mojada, era algo que nunca me había pasado. Era algo extraordinario. Cada vez me movía más deprisa. Mis gemidos iban en aumento, hasta que se convirtieron en gritos y no paraba de, entrecortadamente, jadeante, murmurarle: "Fóllame, fóllame... métemela muy adentro; hacer que me corra como nunca me lo han hecho." Y muchas cosas más, palabras que nunca utilizaba. Le llamaba maridito y él me decía que yo era una puta.

Aquello parecía no terminar y, por un lado, quería que terminase, pues el placer era tan intenso que no sabía cuánto tiempo más podría soportarlo. Pareció que el adivinó mi pensamiento y empezó a embestirme con más fuerza, tras lo cual Marcos se salió y sentí su semen tan caliente caer sobre mí, sobre mi espalda, sobre mi culito. Eso hizo que me corriese y ese sí fue el orgasmo más alucinante que he tenido nunca. Mi cuerpo temblaba incontroladamente. Gemidos, jadeos, se escapaban de mi boca. En ese momento, Marcos me levantó, me atrajo hacia él y comenzó a resbalar su duro miembro en mi ombligo y volvimos a fundirnos en un cálido beso.

Quedamos exhaustos, empapados en sudor. Me eché sobre la camilla y él fue a prender su celular ya que tenía 4 llamadas perdidas, me dijo que eran clientes y debía seguir atendiendo. Luego entramos al baño, nos dimos una ducha, me vestí y me dispuse a marcharme, no sin antes el me jaló y me dio un último beso, pero este era muy cálido que sé que despertó otra vez el deseo en nosotros. Pero tenía que irme.

Antes de salir le dije:

- Cariño ¿Cuánto te debo?

- No me debes nada primor. Esta muestra es gratis

- En serio, lo dices si

- Si nena, la próxima vez que estés insatisfecha putita, ya no te atenderé como masajista, sino como un scort. Estamos?

- Bueno está bien

Y así me despedí, y volví a mi casa. Dos días después llegó mi marido y ya no pude volver a verlo por un buen tiempo.


Escrito por: Poetisa2020


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